miércoles, julio 05, 2006

Chorrada 1: Laberinto de muerte

Comencé a morder la mesa de mi habitación, pues siempre había imaginado que eso desahogaba a cualquiera. Le arranqué los picos, y me los comí. Me raspaban por dentro, pero no se diferenciaba mucho de un filete muy hecho. Cuando llegué a la mitad de la mesa, ya no había picos, y las lágrimas ablandaron la madera para que pudiera seguir mordiéndola.

Arranqué todos los posters y los hice trocitos, y con ellos me limpié las encías sangrantes. Escupí y lo rompí todo. Estallé la minicadena contra la pared, y tiré todos mis CD's por la ventana. Rebanaron un par de pescuezos. Y grite "¡Jodeos!" por la ventana.

Salí de mi habitación para beber agua, pero en mi camino se interpuso una estúpida estantería, me atacó e hirió mi frente. Tomé una posición de ataque, y el contrataque fue cruel, pues dejó de haber ninguna grandeza en las estanterias, con todos los libros deshojados y todas las figuritas hechas añicos en el suelo.

Usé unos tapones para los oidos, pues no quería encontrarme con las preguntas de mis padres al llegar a la cocina. Esta era una dificil prueba, mi reacción podía ser terrible. Conseguí salir de allí pasando desapercibido. Salí de mi casa, y comprobé que, por mucha fuerza con la que tiremos los dados, la suerte solo te sonríe en las más extrañas ocasiones. No importa hacia quien y con cuanta rabia tieres los dados.

Y un dado furtivo dejó inconsciente a una cara amiga, pero anónima, y pude observar un 1 empapado en sangre. Justo lo que necesitaba para caer en la casilla que me haría ganar el último quesito. El rosa, siempre el rosa. Y volví a casa, ya que estaba cansado, y me encontré con un zumbido ensordecedor que, como yo ya sabía, me impediría dormir. En el centro de mi habitación, mientras todo giraba a una velocidad de vértigo, yo permanecía de pie, haciendo frente a un mal invisible, o mejor dicho, intocable, con las garras fuera, enseñando los dientes, y mascullando insultos inaudibles. Como James Hewlett tras perder a Rose, escondido en el bosque nevado, impidiendo que le encuentren para ayudarle, y siempre alerta, dispuesto a atacar.

Y decidí reirme de Bowie y de su estúpido laberinto para engañar a niñitas incautas.

Tras esto comencé a soñar, pero todo lo que soñé me pareció un deja vù, una fallo de sistema en mi Matrix, y me ví obligado a despertar.

Y comencé a morder la mesa de mi habitación...

6 Comments:

Anonymous mondadientes said...

Menos comer picos de mesa, que nos vamos al fib!!!!!!!!!

10:38 p. m.  
Blogger ParaNoid_aNdroid said...

Tarde o temprano nos hacen despertar


Sin embargo es mejor despertar a morir en un sueño que se combierte en pesadilla

6:34 p. m.  
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