sábado, abril 21, 2007

Capítulo 3: Estertor de muerte

“¿Has oído alguna vez un estertor de muerte?”

- El Club de la Lucha
Pasaban demasiadas cosas a la vez como para ser asimiladas correctamente, así que veámoslo a cámara lenta.
El policía placado por Leo estaba levantándose lentamente del suelo, limpiándose la suciedad con una clara expresión de “Señor, no me obligue a emplear la fuerza.”
Su compañero sonreía como una hiena y, dicho sea de paso, ya había sacado su porra.
En cuanto a Leo… Leo empezaba a pensar que habría sido mejor no haber nacido, mientras que su aparato digestivo le pedía a gritos que buscara un bar o unos servicios públicos lo más rápido posible, antes de que ocurriera la desgracia.
También, a 4 metros del supermercado, había un vagabundo con un carrito de la compra lleno de bolsas de contenido indeterminado, esperando al lado de una sucursal de Bancaja para, cuando llegara la noche, dormir allí.
El vagabundo no tendría cabida en esta historia de no ser por la fuerza de la Improvisación. La Improvisación, a pesar de lo que suele pensarse, no es un concepto abstracto. Toda la Galaxia está repleta de partículas subatómicas de Improvisación, llamadas improvisitrones. Normalmente, estas partículas vagan por el espacio sin rumbo fijo, pero, en ocasiones se acercan demasiado a algún planeta, y acaban penetrando su atmósfera. Cuando una de estas partículas entra a un planeta deshabitado, probablemente caiga sobre una roca, lo cual hará que una brillante idea sea tristemente desaprovechada, debido al nulo potencial improvisatorio de las piedras.(1) Sin embargo, cuando la partícula en cuestión se encuentra con un ser vivo, suelen ocurrir cosas terriblemente improbables, cómo que un salmón sobreviva a la remontada de una catarata para aparearse, que una planta carnívora gigante, sin explicación previa, engulla a un despistado fotógrafo del National Geographic, o, sin ir más lejos, la canción del verano.(2)
La Casualidad quiso que una de estas partículas de la Improvisación cayera, a gran velocidad, sobre el cráneo de Leo, causando una zona de impacto 5 metros a la redonda que incluía a él, a los 2 policías, un gorrión, miles de insectos y, por desgracia para el, al mendigo.
-¡Ayúdenme! ¡Por favor! ¡Ese hombre ha matado al del supermercado! ¡Venía a por mí! ¡Ayúdenme! –Leo sonaba realmente creible. And the Oscar goes to…
-¿Quién? ¿Yo? –Dijo el mendigo perplejo, llevando varios de litros de más.
-Ve a comprobarlo, a ver si es verdad. –Le dijo a su compañero el policía que había sacado la porra.
-¡Mire en el almacén! ¡El cuerpo está detrás de una pila de cajas de cartón! –Leo llevaba las de ganar. Gracias a su cara, los policías pensaban que había recibido una paliza.
A los pocos segundos el policía gritó desde dentro.
-¡Mauricio! ¡Cógele! ¡Es verdad, aquí hay un tío muerto!
-Cabronazo… No te muevas o te reviento la cabeza de un tiro… -Desde luego, Mauricio sabía lo que hacía, intimidaba bien… Pero a la persona equivocada.
-¿Eh? ¿Qué? – El vagabundo llevaba su propio ritmo.
-¡Que te pongas las manos en la cabeza y te arrodilles en el suelo, joder!
-¿Qué pasa? ¿Se está resistiendo a la autoridad?
-Ya ves, el cabrón no quiere colaborar.
-¿Eh? ¿Qué?
-Déjamelo a mí, Mauricio. Sabes que esto se me da bien. –Dijo dirigiéndose al mendigo, sonriendo y haciendo círculos en el aire con la porra.
Cuando, pasado el cuarto de hora de apalear al mendigo a los nacionales se les empezó a dormir la mano, buscaron a Leo para agradecerle su colaboración, pero Leo hacía ya rato que había vuelto a recoger la escopeta y se había marchado corriendo lo más lejos posible.
O eso era lo que pensaba al principio, hasta que se dio cuenta de que, a veces, el escondite mas simple es el más efectivo. Además, tenía algo pendiente en casa.
Ya estaba subiendo las escaleras, repitiéndose a si mismo “no me lo creo, no puede ser… ¡Vaya suerte!” Cuando llegó a su puerta, la abrió, y pasó al salón, sólo para descubrir que…
…que Mari cruz seguía donde la había dejado, porque en la vida real, cuando atas bien a alguien (o, como en este caso, le envuelves en cinta aislante) es prácticamente imposible(3) que se libere.
-Bueno, bueno, bueno. Ya estamos aquí de nuevo. ¿Qué tal estás? Espero que no te hayas aburrido mucho esperándome…
-¿Que vas a hacer?
-Después de tener un encuentro bastante incomodo con tu compañero de trabajo, me he dado cuenta de que, si quieres hacer algo bien, tienes que hacerlo rápido.
Mari cruz no sabía que hacer ni que decir. Parecía un conejo desorientado en medio de la carretera, la diferencia es que este conejo sabía que iba a ser atropellado, por muchos saltos que diera.
Leo estaba metiendo ropa en una bolsa de deporte, después cogió todo el dinero que tenia, y se puso unas gafas de sol que, debido a la disposición de sus facciones, estaban en diagonal.
-Mira, lo siento. No es nada personal, es que me estoy volviendo loco. Buenas noches.
-¿Qu..?
¡¡¡BLAM!!!
Por desgracia, el cuerpo de Mari cruz estaba recubierto con tantas capas de cinta aislante, que no murió ipso-facto, sino que tuvo tiempo decir algo:
-…pues…q-que sepas que…
-…h-has…l-llevado todo el día…
Leo esperaba ansioso alguna interesante confesión pre-mortem.
-…l-la… b-bragueta…abierta…
-…pedazo de… -Y, a falta de un apelativo mejor, optó por lo obvio.- …feo…
Y así es como Mari cruz murió rematando la jugada.
Para algunos, ahora está en el cielo, después de haber llevado una vida plena, y libre de pecado.
Sin embargo para otros más, digamos… realistas, pasarían unos días antes de que la policía encontrara el cadáver, la familia lo identificara, Funerarias Romero organizara un entierro, y así el cuerpo pasara a descomponerse alegremente bajo tierra.
Claro que Leo no estaba pensando en eso, pues estaba demasiado ocupado pateando, también alegremente, el cuerpo de la chica.
Joder con el enano…


(1) Al contrario que los glaciares, que tienen una increíble imaginación.
(2) Aunque se especula sobre la posible existencia de la llamada Anti-Inspiración o Inspiración Corrupta, que sería la culpable de que ocurriera esto.
(3) Siento echar por tierra 50 años de películas de aventuras, acción, detectives… pero, venga ya, no es tan fácil desatarse cuando te han secuestrado. Probadlo cuando podáis. No y no.

viernes, abril 20, 2007

Cosas que estoy aprendiendo en 2007 (1ª parte)

Bueno, son las 6 de la madrugada, y, aunque tengo bastantes ganas de subir el tercer capítulo de la historia de Leo (hurm... algún día debería ponerle nombre a la historia/chscarrillo/novela/como-querais-llamarlo) os voy a dejar esperando un poquito más, para crear espectación.

Uf... Eschuchad más a menudo la banda sonora de "Piratas del Caribe 2" (la estoy escuchando ahora con el volúmen bastante alto) os aseguro que cura cualquier pena... De hecho creo que ahora tengo en mi poder un par de paises más que antes...

Voy a comenzar algo que, como veis en el título, llamaré "Cosas que estoy aprendiendo en 2007", porque me hace ilusión, y porque esta noche ha sido reveladora. Mi intención es llegar a las 100... llamemoslas... "muestras de sabiduría". Jajaja.

1º- No puedes juzgar objetivamente un CD de música hasta haberlo oido entero 5 veces.
2º- Nada es imposible. (Salvo las cosas que desafíen las leyes de la física).
3º- Las mujeres son problemáticas.
4º- Hay (muchos) momentos en los que un buen libro, comic, pelíclula, videojuego o disco son (mucho) mejores que el sexo.
5º- No vas a encontrar a tu alma gemela con 20 años.
6º- Las relaciones con las mujeres son como la selva: o comes, o te comen. Da igual que seas más bueno que el pan: espabila. Eso si, trátalas bien. Vengate un poco, pero si eres el típico cabroncete, meteces la muerte.
7º- Aprende ti@, aprende. Cualquier cosa. A diario.
8º- Todas las compañías telefónicas pertenecen a Satanás.
9º- Los tíos seguimos siendo increiblemente estúpidos, pero no tanto como pensaba hace un tiempo.
10º- Nadie tiene tantas relaciones sexuales como le gustaría. Especialmente la gente con pareja.
11º- La gente no cambia absolutamente nada al llegar a la universidad. Los primeros cambios empiezan a notarse en el tercer año (y eso aun lo estoy investigando).
12º- Contárselo todo a los padres (salvo detalles escabrosos) es increiblemente placentero.
13º- Debería valorarse más el Hip-Hop. Hay cientos de canciones que son pequeñas obras de arte.
14º- El suicidio no es la ultima opción que existe. El suicidio NO es una opción.
15º- Los suicidas no son cobardes ni valientes: son Gilipollas.

viernes, abril 13, 2007

Capítulo 2: Diálogo de besugos

“Lo peor de estar furioso con Mustrum
Ridcully era que ni siquiera llegaba a enterarse
de que estabas furioso con él.”
- Terry Pratchett
Leo cogió a la cajera por el pelo, y aunque estaba fuera de sus cabales, consiguió concentrarse lo suficiente como para comprobar que el supermercado estaba vacío.
Hay que reconocer que para ser tan pequeño, se las estaba arreglando bastante bien para intimidar a alguien que le sacaba casi medio metro de altura. Tal vez ayudara el hecho de que estaba tan fuera de sí, tan furioso, que su cara estaba comenzando a mostrar un tono rojo carmesí nada saludable(1).
-Ahora te vienes conmigo, y como grites o intentes cualquier estupidez, por mis muertos que te rajo.- Y esto lo dijo con una tranquilidad cercana a la esquizofrenia.
Hay que remarcar el hecho de que Mari Cruz (la cajera) estaba trabajando ahí para pagarse los estudios universitarios, por lo que no era totalmente estúpida(2). Pudo darse cuenta de que su agresor no tenía en su poder ningún objeto con el que “rajar”. Bueno, si, hay que reconocer que el abre fácil del brick de leche era un invento desconcertante, pero, desde luego no era excesivamente mortífero.
Lo que abstenía a Mari Cruz de salir corriendo, además de un papiloma en el talón de su pie derecho, era la ira en la cara de Leo(3)… Aunque más que “abstenerse de huir”, sería más correcto decir que la reacción que le causaba era “estar a punto de orinarse encima”.
Agarrándola del brazo, la sacó del supermercado corriendo, a plena luz del día. De hecho, habría que tener más de 10 dioptrías y haberse olvidado las gafas en casa para no ver ese espectáculo. La ventaja para Leo residía en dos factores: que vivía tan sólo a unos 30 metros de allí y que, en su barrio, si alguien asestara 14 puñaladas a otro alguien a la vista de todo el mundo, los testigos esperarían al menos media hora para llamar por teléfono.
Y llamarían a cualquier amigo para preguntarle: “¿Crees que me meto donde no me llaman si llamo a la policía?”.
Llegaron al edificio de Leo, un bloque de viviendas de protección oficial de 4 pisos que se asemejaba a una caja de zapatos que hubiera sido tragada por alguien, digerida, y, por azares del destino, vomitada.
Entrando al portal con la cajera, Leo descubrió, como venía sucediendo a diario hacía ya años, a la portera observando quien entraba, con la puerta entreabierta. Cuando 2 horas más tarde el marido de la portera llegó de trabajar y consiguió reanimarla, esta solo pudo murmurar una frase: “Mariano… Vamos a mudarnos…”
Leo irrumpió en el 4º piso, y empujó a Mari Cruz hacia dentro, cayendo esta junto al sofá del salón. Desapareció durante unos segundos, para volver con una escopeta en la mano, mientras le introducía dos cartuchos con la otra.
-Esta escopeta era de mi padre. Solía cazar conejos con ella. Y si no te sientas en esa silla, voy a cazar algo más grande.
Mari Cruz no sabía nada de caza, pero era una de esas personas cuyo hobby consistía en no morir. Así que se sentó en la silla.
-Muy bien.- Dijo su temporal secuestrador mientras la envolvía en cinta aislante.
-Oye, deberías limpiar esto un poco… He visto algo moverse detrás de esa mesa… Y no parecía una mascota…
-Cállate.
-Es que tenía más de cuatro patas…
-¡Que te calles!- Y esta vez le apuntaba con la escopeta.
-Oye… ¿Q-Que me vas a hacer?
-Ah. Voy a matarte. Pero es mi primera vez y no tengo las cosas claras. Voy improvisando sobre la marcha, ¿sabes?
-Ah.- La chica pensó unos segundos. –Bueno, he de reconocer que, para ser tu primera vez, no lo haces nada mal…
-Gracias, aunque no dejo de pensar que se me olvida algo…
De repente, se le dilataron las pupilas, las manos comenzaron a sudarle, y sintió un pinchazo en la nuca(4).
-El imbécil del supermercado.
Leo cogió la escopeta, salió corriendo y bajó las escaleras de cinco en cinco, hasta que resbaló, se cayó en el rellano, y tuvo que descansar durante un par de minutos, lo que le cabreó bastante más de lo que ya estaba.
Ahora cojeaba de las dos piernas, lo que le hacía parecer un hombre-anuncio de un medicamento contra las hemorroides.
La verdad es que sus hemorroides personales se llamaban “humanidad”.
Llegó a toda velocidad al supermercado y pasó por debajo de la reja, que estaba a medio bajar, por estar ya cerca de la hora del cierre. Eso era bueno para Leo, ya que, si iba a meterse en más problemas, prefería hacerlo lo más discretamente posible.
Se quedó quieto en la entrada, tratando de escuchar algo, y, al parecer, el único ruido venía del almacén. Se acercó y pudo ver que el hombre que le hizo el carnet de socio estaba hablando muy acaloradamente por teléfono.
Cuando era joven, Leo lo pasó mal por culpa del alcohol, (a partir del primer botellín de cerveza solía adquirir una inusitada facilidad para vomitar) así que cogió una botella de vodka, golpeó al hombre en la cabeza, y así obtuvo una doble venganza.
En todos los planetas habitados de esta y otras dimensiones existe algo, aunque su nombre puede variar, llamado “Ley de Murphy” que, en resumidas cuentas, era un señor con muy mala suerte.
En este almacén dicha ley alcanzó su máximo esplendor, ya que el hombre del supermercado no estaba llamando a la policía, como Leo pensaba (de hecho, ni siquiera le había visto salir del supermercado con la cajera) sino que su novia le estaba dejando por teléfono.
Dos por el precio de uno. Que bonita analogía.
El hombre, ahora atado a una silla y con sangre reseca en la mejilla, comenzó a despertarse.
-¿Rosa? ¿Cómo has hecho eso con el teléfono?- Fue entonces cuando vio a Leo. –Tú… Tú no eres Rosa…
-Si no fuera por ciertas cuestiones morfológicas, lo sería. Pero no, no soy Rosa.
-Oiga, se que hacerse el carnet de socio no es tan bueno como le prometí, pero… No se ponga así… Mire… ¡Podemos regalarle esa sartén! Esa antiadherente, cosa fina. Hecha en Taiwán.
-Cállate.
-No, claro, supongo que no le interesa. Ya debe tener una.- El hombre comenzó a acostumbrarse a la cara de leo, y pudo mirarle directamente a los ojos. - ¿Puedo, si no es mucha indiscreción, preguntarle qué le ha pasado en la cara?
-No. Cállate de una vez.- Leo no dejaba de andar hacia un lado y otro de la sala, no porque tuviera algún tipo de reparo moral en lo que iba a hacer, sino porque quería hacerlo lo más doloroso posible, y no sabía como.
-Tengo un amigo que trabaja en una clínica de cirugía estética, ni se imagina las cosas que puede llegar a hacer.
-¡Que te calles, gilipollas! ¿Pero a ti de donde narices te han sacado?
-Oiga, no hace falta que use conmigo ese tipo de lenguaje, seamos civilizados…- Pensó un poco. –Y bueno, soy, por si le interesa saberlo, de un pequeño pueblo en la costa, que, la verdad…
-Esto es increíble.- Leo, tras abandonar el rojo y repasar toda la gama cromática en su cara, estaba compitiendo con el yeso de las paredes para ver quién podía estar más blanco. El yeso estaba a punto de retirarse. – Pero… ¿Te vas a callar alguna vez?
-Caballero, empiezo a creer, que no hemos empezado con buen pie. Ese último comentario estaba, a todas luces, fuera de lugar. Comienza a recordarme a un primo mío que…
-Pero…¡Pedazo de imbécil! ¿Es que no te das cuenta de que te voy a matar?
-Bueno, hay quien opina que desde que se creó el Universo, unos átomos empujaron a otros, que a su vez empujaron a otros, y a otros… Y así sucesivamente. Eso me hace pensar, la verdad, que todas nuestras acciones son una reacción a aquel primer movimiento atómico, por lo que hacemos lo que estamos predestinados a hacer desde un principio y… ¡Oh, vaya, perdone..! Estoy divagando…
Leo deseó con todas sus fuerzas que los humanos pudieran tener la capacidad de provocarse un derrame cerebral por voluntad propia. Por desgracia, abría los ojos y seguía vivo.
Con los ojos mirando fijamente al vacío, Leo salió del almacén, y palpó con sus manos por las estanterías, hasta que encontró unas medias.
Si en vez de unas medias, hubiera encontrado una lechuga, habría encontrado la manera de matar al hombre con ella. De cualquier forma.
Tras 10 minutos de forcejeo y jadeos, Leo terminó y escondió el cuerpo tras unas cajas de cartón.
-Acabo de hacerle un favor a la humanidad.- Dijo sudando, en voz alta.
Entonces recordó a la cajera, que seguía esperándole en su casa, y salió corriendo.
El tal Murphy no había tenido bastante ese día y, para pasar el rato, hizo que Leo se dirigiera a toda velocidad y sin mirar hacia una pareja de Policías Nacionales, chocando estrepitosamente con uno de ellos y cayendo al suelo.
-¿Pero que coño..?- Dijo el policía desde el suelo.


(1) De hecho, con el tiempo suficiente, podría haberse frito incluso una cena ligera para 10 personas en su frente.
(2) Esta frase no debería ser tomada en cuenta, ya que la gran mayoría de personas con estudios universitarios suelen ser más zopencos que los que no los tienen.
(3) Algo similar a una máscara de lucha libre mejicana empapada de salsa de tomate.
(4) Hay quien llamaría a esto “sentido arácnido”.

lunes, abril 09, 2007

Capítulo 1: La lista de la compra

“Los aeropuertos son feos. Algunos son muy feos.
Los hay que alcanzan tal grado de fealdad que sólo
pueden ser el producto de un esfuerzo premeditado.”

- Douglas Adams
Leo es feo. Leo es muy feo. Leo alcanza tal grado de fealdad que da la impresión de ser el producto de un esfuerzo premeditado.
También es bajito. Bueno, decir que es bajito sería ser benevolente… Digamos que es muy pequeño…
Dejémoslo en “diminuto”.
La verdad, su fealdad y su pequeñez han estado con el desde su nacimiento y, debido a que la cirugía estética hace arreglos pero no milagros, le acompañarán hasta el día de su muerte.
No hay motivos para adentrarse en las historias de su niñez, juventud o madurez, en posibles conjeturas sobre un crecimiento difícil, o especular sobre la posibilidad de que sus padres no le compraran suficientes juguetes de niño.
Digamos que Leopoldo (porque está claro, tiene un nombre completo) tiene 40 años, casi 41, malvive de una indemnización que recibe gracias a un accidente que ocurrió hace tiempo(1) y, lo dicho, es tan pequeño y feo que las cajeras le dan mal el cambio porque no se atreven a mirarle a la cara.
Ah, si. Y su vida es una mierda.
Hablando de cajeras: Leo se dirigía al supermercado a comprar leche, huevos, enjuague bucal y, sorprendentemente, un arenque (no, no es para comer)(2). Es el típico supermercado de barrio, el cual ha ido cambiando de manos con una velocidad similar a la de un cepillo en una iglesia llena de ateos. Comenzó siendo un humilde Aldi, a principios de los 90, y poco después se convirtió, como por arte de magia, y sin que la gente del barrio se diera cuenta, en un Seyca, el cual pasó a ser un Supersol, fue comprado rápidamente por Eroski, y, en un lapso de 5 minutos (en términos de vida supermercantil) volvió a ser un Supersol. Al parecer, el supermercado no obtenía lo que buscaba de ese estilo de vida, y durante unos años vivió al límite dando cobijo a un negocio coreano de tráfico de órganos, un cartel colombiano, e, inexplicablemente, una familia de mapaches(3). En la actualidad, se limitaba a pasar inadvertido, sobreviviendo a duras penas, con nombres cómo “La despensa de…”, “El Chaflán de…”, “La Cocina de…”, etcétera. Debido a los continuos cambios, y a que los nuevos dueños eran particulares que no estaban en posesión de un gran capital, no había ningún cartel que indicara el nombre del establecimiento, aunque podían observarse unas sospechosas hendiduras en la pared, que, sospechosamente, tenían la sospechosa forma que tienen los impactos de bala.
Leo era uno de los 6 o 7 clientes habituales, siendo el resto jubiladas chillonas y con una molesta tendencia a colarse(4), algo tan irritante que ya se estaba empezando a crear una asociación no lucrativa en su contra.
Antes de poder entrar, alguien le asaltó desde las sombras.
-Señor, ¿le interesaría hacerse socio de…?- El hombre reprimió las ganas de vomitar al mirar a Leo a la cara, trató de pensar en flores, mariposas, y cachorritos, y volvió a empezar. -¿Le interesaría hacerse socio de nuestra cadena de supermercados..?
-¿Para qué? Si lo cambian cada mes…
-…cuyo carnet de le reportará beneficios a medio plazo a usted, y sobre todo a su economía familiar, así cómo…
-En serio, no me interesa, además, vivo sólo, así que…
-…regalos de gran utilidad, y múltiples utensilios y electrodomésticos para el hogar, por no hablar de…
-¿Oiga? ¿Me está escuchando?- Leo le miró la nuca, el cuello, la espalda… No vio ni cables ni enchufes, por lo que dedujo que no era un robot, simplemente era idiota.
-…que podrá acumular con compras por valor superior a 50 euros…
-Mire, pedazo de imbécil, me haré la tarjeta de las narices, pero déjeme hacer la compra, joder.
Leo nunca, absolutamente nunca había dicho palabras malsonantes, de hecho, hasta ese momento, en raras ocasiones había perdido los estribos… De lo que se podía deducir que, en ese momento, sus estribos estaban jugando concienzudamente al escondite, y parecía ser que habían encontrado un bonito rincón oscuro en el desván donde pasar el rato.
-¡Perfecto, caballero! Déme su nombre, dirección, y una fo…- Miró a Leo a la cara, y decidió que con dos veces en un día había sido suficiente, y que podría hacer una excepción, con tal de no tener que llevar una foto suya en el bolsillo de la chaqueta. –Ehm… Nombre, dirección, y… Pues… Eso es todo. Ya está.
Acompañó, esta última frase con una falsa sonrisa en la que mostró su perfecta dentadura. Si hubiera tenido 96 dientes en vez de 32, habría encontrado la manera de enseñarlos todos.
Este último detalle crispó especialmente los nervios de Leo, que le escupió al hombre sus datos personales, y entró a zancadas (dentro de lo posible) al supermercado.
Hay miles de personas en el mundo convencidas de que son victimas de una conspiración, y Leo era una de ellas. Ese tipo de gente suelen achacar esas conspiraciones al gobierno, los extraterrestres o, algunas personas con mayor inventiva, a pequeños seres que viven bajo tierra. Leo le endosaba su particular conspiración al Universo.
Y tenía razón.
La verdad es que el Universo le odiaba.
Fue el Universo el que hizo que resbalara y cayera sobre un charco de leche condensada que alguien había olvidado limpiar. El Universo hizo que perdiera la vez en la pescadería, incluso cuando la pescadería estaba vacía(5). Y, por supuesto, fue el Universo el que hizo que un bote de cristal lleno de aceitunas(6) se aburriera de su rutinaria vida y decidiera dar un paseo en caída libre, en una perfecta línea vertical sobre el pie izquierdo de Leo. Sin que el bote sufriera el más mínimo rasguño.
Y así llegó a la caja número 4, con la camisa pegada a la espalda totalmente mojada y pringosa, cojeando de manera ridícula y con un tic nervioso que hacía que su párpado se cerrara hasta la mitad cuando le venía en gana.
Por no hablar de los chasquidos que hacía con la lengua.
La cajera le empezó a cobrar los alimentos intentando no mirarle… algo sumamente difícil.
-Una botella de leche. – Pip, gota de sudor.
-Una docena de huevos. – Pip, otra gota de sudor.
-Un… Eh… Arenque… - Pip, mirada de reojo.
-Son… Hmm… 5,37 euros.
Leo le dio el billete y se dio cuenta de que la cajera había llevado a cabo todo el proceso de lado, sin mirarle.
-Mírame. – Hay que aclarar que, si se ha establecido un tono de voz que se pueda relacionar íntimamente con la palabra “intimidar”, el tono era ese.
-¿Có… Cómo dice?
-¡Que me mires a la puta cara mientras me das el cambio! – La cajera (que, por cierto, se llamaba Mari Cruz) se giró lentamente, hasta que se cruzaron sus miradas.
Y el cambio se le cayó al suelo.
En este momento, las neuronas del cerebro de Leo mandaron ciertos impulsos eléctricos que hicieron que ciertas sustancias químicas se acercaran a otras sustancias determinadas dando lugar a ciertas reacciones, digamos… Nocivas.
-Ahora si que la has cagado.
Aclaremos que, una persona puede aguantar que te den mal el cambio dos o tres veces, pero, cuando llega una nueva cajera que te da mal el cambio durante dos años por el simple hecho de no querer mirarte a la cara, lo normal es que te mosquees un poco(7).
Por eso va a matarla.
(1) El cual, todo sea dicho, no nos interesa lo más mínimo.
(2) Tampoco preguntéis para qué quiere usarlo, por favor.
(3) Inexplicablemente.
(4) No sólo en supermercados, sino en cualquier lugar con una cola que encuentren. De hecho, recientes investigaciones revelan que, en un periodo comprendido entre los 65 y los 70 años, los pensionistas comienzan a sufrir una serie de cambios hormonales, por los cuales sienten el inevitable impulso de colarse, incluso en las colas de conciertos de heavy metal, y demás sitios a los que ni siquiera tienen la intención de entrar.
(5) Puede parecer un detalle sin importancia, pero perder la vez en la cola de una pescadería es la principal causa de las crisis nerviosas en los países desarrollados.
(6) Peso neto 2,04 Kg. Peso escurrido 1,87 Kg.
(7) Claro que también puede ser un excusa genial para hacer lo que te de la gana.

lunes, abril 02, 2007

Prima facie

Pues estaba yo hace un rato bajo la alcachofa, esperando a que el bote de Lactovit me dijera algo (por cierto, no lo ha hecho) cuando me acordé de algo que me dijo una amiga hace unas semanillas.


Nos conocimos al comenzar el curso, en San Vicente (del Raspeig, por Dios, no de la Barquera) pero en realidad ya habíamos coincidido antes en la clase de la E.O.I (aunque lo parezca, no significa "Encuentros con Objetos Inanimados", pero no anda desencaminado, hay profesores de Inglés que tienen la alegría de una tostadora...*) sin mantener mayor relación que algún "Buenaaaas" esporádico.


Bien, esta amiga me habló de la impresión que tenía de mí siendo yo un auténtico desconocido para ella, impresión que, por supuesto, cambió totalmente al llegar a conocerme bien... ¡Incluso pensaba que yo era mayor que ella! Si, me impacta mucho, pero hay que tener en cuenta que por aquel entonces yo me salvaba por los pelos** de ser un cabeza peladilla...


Seré sincero: me etiquetó como friki desde el primer momento... Pero hay cosas que ni la mejor cirujía facial puede ocultar.


A lo que iba. ¿No os habeis parado a pensar nunca en esa persona que os cruzais mil veces de camino a casa, a clase, al trabajo, en el supermercado...? Esa persona que os parece misteriosa desde el primer momento, de la que, simplemente por su pose, piensas que deber ser alguien increiblemente interesante, que te atrae, que seguro que tiene un montón de cosas curiosas o inteligentes que aportarte, que tu no conocías.


Y lo triste que es conocer a esa persona y descubrir que, en efecto, tiene muchas cosas buenas, ya que siempre es interesante conocer a alguien nuevo, alguien que nos aporta variedad y color a nuestra rutina, pero que... No es lo que nos imaginabamos, casi prefeririamos no haberle conocido y seguir haciendo conjeturas sobre "¿Quién es esa chica/chico?"


¿Nunca lo habeis pensado?


¡Gracias a Dios, soy personas normales! Y yo, por lo visto,tengo tiempo libre para dar y regalar.


Y nada más. Esto era sólo un pequeño preámbulo que me rondaba por la cabeza hacía ya tiempo y me lo quería quitar ya de la cabeza y así dejar hueco para alguna que otra estupidez. Y en esencia, venía a deciros un par de cosas:


Primerico: como algunos de vosotros ya sabeis, los extraterrestres experimentaron conmigo no hace muchos dias, y como consecuencia de una operacion en la que mis nervios fueron cauterizados y ahora soy mas insensible que una maceta. Mayormente me refiero a mis sentimientos para con esos seres desagradables, grotescos e incomprensibles (hay quien los llama "mujeres). Nada, que no,que no soy gay, pero que me pueden poner delante al especimen más tentador, que yo... Miraré tranquilamente a través suyo como si no existiera. Y lo peor es que estoy muy feliz y tal desde que esto me pasa, pongamosle desde Navidad, pero no se, es extraño... Tal vez... Aburrido.


Nada, que hasta que no encuentre a mi media langosta, no voy a mover ni un dedo en materias amatorias, y a ver si pudiera ser alguien como Karin (a continuación) de la que me he enamorado a primera vista.

Muy triste el hecho de que sea un dibujo, ¿no?

Segundico: por fín he reunido el valor y la no-pereza suficiente para comenzar a escribir mi, llamemoslo "Opera prima" (gracias, Papá, por cierto) que va a ser un truño como una casa, pero que me estoy divirtiendo muchísimo escribiendola. De hecho, es la primera vez que consigo escribir más de un par de folios sin aburrirme mortalmente. Y eso, el primer capítulo ya está escrito, y del capítulo 2 al 4 planificados. Lo único que quiero es que os riais leyendolo, que es para lo que lo estoy escribiendo. ^_^. Y eso, os lo iré subiendo por trozos poco a poco a ver que os parecen.


¡Ah, y no seais sinceros conmigo,decidme todo el rato que os parece lo mejor que habeis leido en vuesta vida, y a mi me haceis ya feliz, hombre!

* Salvo "La Tostadora Valiente".
** Por los pelos, ¿lo pillais?