domingo, marzo 30, 2008

Me sobran los motivos

He leído en internet que hace un tiempo Saramago dijo que no había comenzado a escribir hasta los 50 y pico años por la sencilla razón de que no había creído tener nada que contar hasta ese momento.

Entonces he pensado: “pues no escribas, ya si eso llegará algún día cuando tengas algo que contar. Mientras puedes sacarte un moco.” Y me ha servido durante cinco minutos, pero después he vuelto a torcer el morro, y he pensado “no me vale, no me vale.”

Si dejamos al margen los motivos que lleven a una persona a escribir, como pueden ser el exceso de imaginación, la tristeza o la alegría, la necesidad de contar vivencias, querer demostrar algo, la prepotencia (¿alguien ha dicho Reverte?), la indigestión, y un largo etcétera, ¿qué nos queda?

Pues no lo sabía hasta hace un rato. Y el momento en el que lo he sabido se ha producido mientras hablaba por el Messenger, como todos los grandes descubrimientos de la humanidad, ya sean la penicilina o el cojín que se tira pedorretas.

A mí, personalmente, la alegría, tristeza, y todas esas cosas antes nombradas, no me dan motivos para escribir, sino inspiración a la hora de escribir. Por eso últimamente me ha costado tanto, porque no tengo nada que contar, no me ha pasado nada, no tengo ideas, y, sobre todo –y por desgracia- no he matado a nadie (hey, pero ¿sabéis que una amiga mía que estudia Criminología y estaba de prácticas en la cárcel se cruzó con el asesino de la katana?).

Lo que no tenía muy claro es la razón por la que casi siempre tengo ganas de escribir, aunque no tenga ideas, o me de pereza físicamente hablando. Voy a hacer un repaso de mis autores favoritos, ya sea por todo lo que han escrito, o por algún libro o saga en concreto:


Terry Pratchett
Kurt Vonnegut Jr.
Douglas Adams
Hugh Laurie
Donald Westlake
Will Ferguson

Terry Pratchett es el creador de la saga de Mundodisco, que ya sabéis que tanto amo. Al margen tiene algunas otras obras que siguen, casi todas, el mismo toque fantástico y de humor. Le han detectado una forma rara de Alzehimer, pero cree que le dará tiempo a terminar el par de libros que lleva en danza.

Kurt Vonnegut Jr., uno de los grandes satíricos y humanistas norteamericanos. Tan inteligente y crítico con su país, que no me ha quedado muy claro por qué es americano. Murió en abril de 2007, pronto hará ya un año.
Douglas Adams, genial autor de la “trilogía en cinco partes” que es la “Guía del autoestopista galáctico” así como de las dos novelas del investigador Dirk Gently. Murió con 40 y pico años en 2001, por un infarto.
Hugh Laurie. Si no le conocéis, os doy un capón. El doctor House que todos amamos y odiamos. Yo también pensé que era un sucio truco de marketing usar su faceta de actor famoso (aunque nunca me cansaré de decir que antes ya tenía reputación de sobra) para encasquetarnos su libro, y sin embargo… Está en la lista. “Una noche de perros” (los traductores de títulos siguen mereciéndose el infierno…) es uno de los libros más deliciosos – a falta de una palabra mejor – que he leído en tiempo.
Donald Westlake es uno de los maestros del género negro. Hard boiled. Detectives. Robos y asesinatos. Como queráis llamarlo. Creador de la saga de Parker (personaje libremente llevado al cine en forma de Mel Gibson en “Payback”). También el guión de “Too much”. Pero si le incluyo aquí es por la saga del ladrón Dortmunder: ladrones y comedia. Impagable. El amigo Westlake nació en 1933, y salvo que me haya dado un ictus, eso suma 75 años. Vosotros mismos.
Y termino con Will Ferguson. Canadiense cínico de esos que parece que han dedicado toda su carrera a criticar humorísticamente a su propio país. Creo que en España –de esto no estoy seguro del todo- sólo ha sido editado su libro “Happiness”, una brutal (y descojonante) crítica de los libros de autoayuda y de la competitividad del mundo editorial. Uno de los libros que más me ha influido.
Antes del inevitable “¿y qué?”… ¿os habéis dado cuenta de lo que tienen estos 6 escritores en común?
3 ingleses, 2 americanos, 1 canadiense. Uno cultiva la fantasía, otro la crítica social, otro la ciencia-ficción, otro la parodia de la novela negra, otro la novela negra, y el último la crítica nacional. Nada que ver. Salvo el humor.
No me atrevo a definir el humor que derrochan estos 6 autores. El de Pratchett es muy “Monty Python” muy “Padre de familia”. El de Vonnegut soez. El de Adams inglés. El de Laurie es exagerado, muy a lo John McClane, o si me apuráis, muy Gregory House. El de Westlake… Clásico, cómo “El Golpe”. En cuando al de Ferguson… probablemente lo definiría como una amalgama de todos los anteriores.
Tipos de humor hermanados por la ironía, el cinismo y en ocasiones, la sátira. Humor que puede carecer de muchas cosas, pero no de inteligencia. Inteligencia que, por cierto, suele residir normalmente y casi exclusivamente en el personaje protagonista de ciertas obras (de hecho, sería posible establecer una relación entre las personalidades de Rincewind, Rabo Karabekian, Arthur Dent, Thomas Lang, John Archibald Dortmunder y Edwin Vincent de Valu) de los antes nombrados.
¿Cuál es la relación entre mis ganas de escribir y el humor?
Os habréis fijado en la situación de los autores: Dos han muerto. Uno tiene 75 años. Otro está desarrollando Alzehimer. Nos quedan dos. De Will Ferguson no se sabe nada por aquí, y de todos modos el resto de sus obras no son como “Happiness”. Y Hugh Laurie directamente ni siquiera se dedica a la escritura.
Las perspectivas de supervivencia de este humor son escasas, y no quiero que desaparezca. Esto no quiere decir que vaya a convertirme en “el Mesías del humor inglés”, pero desde luego, me niego a que se pierda, o a que se limite a algún libro cada montón de años.
Tampoco quiero escribir tan bien como ellos. Ni mejor que ellos. Simplemente quiero mantener viva esa llamita tan absurda, tan Peter Griffin, y no olvidarla nunca, pues ese desfase me ha hecho ser como soy. Y si puedo dar a conocer ese humor a alguien, mejor que mejor.
Eso es lo que me hace querer escribir. A la mierda la fama.
PS: A la mierda la fama, pero no el dinero.
[Por cierto, en muchas contraportadas comparan a algunos de los antes nombrados con Groucho Marx, los Monty Python o Jonathan Swift. No tengo nada que decir con respecto a los dos primeros, pero tengo que criticar a Swift, por mucho que sea una de las grandes figuras de la literatura, no ya inglesa sino mundial. El irlandés es reconocido por la sutileza (joder, tan sutil que casi no te das cuenta) de la sátira que creó de Inglaterra en “Los viajes de Gulliver”, una disimulada crítica a la sociedad y sobre todo, al gobierno. Sólo quiero recordar que la sátira y la crítica no tienen por qué ir unidos necesariamente a la comedia o al humor. Swift no me hace sonreir en absoluto. De hecho, estás tan ocupado intentando saber si está escribiendo de forma ficticia o haciendo una crítica, que pierdes el hilo de la novela. Supongo que afecta en gran medida el no leer el libro dentro de su marco histórico. La literatura de 1726 no tiene por qué gustarnos a todos, señores eruditos.]

5 Comments:

Blogger Bamf! said...

Como decían en una canción de La Monja Enana: "Solo... Estoy solo..."

2:56 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Parafraseando a Westlake: "desearía haber escrito este post".

Pero habiendo nombrando a Kilgore Trout.

10:07 p. m.  
Anonymous elvi said...

Que conste en acta que te leo pero es que al final me da cosa ser la única que escribe...va a parecer amor fraternal

10:11 a. m.  
Blogger Bamf! said...

Hey, gracias por el amor fraternal y los pseudo halagos anónimos, pero... maldita sea, ¿que os pasa con Kilgore Trout? Que si Kilgore Trout por allí, que si Kilgore Trout por allá. Virgen santa. Que si, que conozco a Kilgore Trout, pero esto no era un post sobre Vonnegut ni sobre los relatos de ciencia-ficción, ni sobre los pseudónimos. Gr.

^_^

6:16 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Agus, que bien escribes, jodio!

Gris

12:22 p. m.  

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