martes, marzo 03, 2009

Prólogo

No me puedo creer que lo haya vuelvo a retomar. Si este blog es algo, desde luego es inmortal. Han pasado aproximadamente unos seis meses y medio, durante los que no me he tomado lo de escribir aquí muy en serio, pero hay algo que me ha hecho volver, lo reconozco. Tal vez sea porque Mariano me dijo ayer que le había hechado un ojo. Para aquellos que tengáis un mínimo de interés en lo que escribo, aqui tenéis el prólogo de la nueva novela. La mayoría no sabéis que esto sigue vivo, pero como siempre empezaré aquí mi obra nueva. Si al leer esta introducción os habéis puesto tensos, no sufráis. Estoy obsesionado con el rap y la he escrito en verso. xD.
Si, estoy enfermo (además, no es "verso", simplemente rima, pero nadie es ferpecto). Aquí os dejo el prólogo de la futura segunda novela (digamos que estará lista a finales de 2010 o así, proximamente en un archivo WinZip a través del Messenger).
Y recordad, en Marzo, décimo disco del Chojín (lagrimita).
El hombre de la silla estaba recibiendo una paliza de muerte, pero podría haber sido peor. Podría haber sido yo.
Es cierto que en ese momento habría dado cualquier cosa por estar en su lugar. Supongo que todos pensamos cosas así de estúpidas tarde o temprano. Si hubiera sido yo aquella persona con la cara hinchada, de la que manaba tanta sangre que los puñetazos resbalaban, al menos habría tenido que preocuparme exclusivamente por mi vida. Nada más. Aguantar un rato y, tal vez, cuando me hubiera desmayado, habrían dejado de golpearme y me habrían tirado en cualquier contenedor de basura.
Pero como he dicho, no era yo.
Cuando vas a hacer algo que va a cabrear mucho a alguien, debes hacerlo solo, o al menos con gente de fiar, que sepa cuidarse de si misma. Porque si les pillan, da por hecho que les torturarán. No para que hablen, sino para que tú hables.
Habíamos acordado aguantar, pasara lo que pasara. Éramos jóvenes, estábamos en forma y teníamos lo que había que tener. No íbamos a echarnos a llorar como esos pardillos en las películas, esos a los que llevaban a un sótano oscuro, les ataban a una silla, les enfocaban con una lámpara, y cantaban ópera a las tres bofetadas. Pues bien, nos habían llevado a un sótano oscuro.
Pero como ya he dicho, no era yo el que estaba atado a una silla, ni al que enfocaban con una lámpara. Ni mucho menos el que recibía las bofetadas. Puedes tener el valor suficiente para jugarte la vida, pero nadie tiene el valor suficiente para jugarse la vida de otra persona.

2 Comments:

Blogger Francisco said...

chaachi

4:17 p. m.  
Blogger Francisco said...

soy curro

4:17 p. m.  

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