martes, noviembre 24, 2009

De por qué odio a Emily Dickinson

La poesía es una basura. Rectifico: la poesía me parece una basura.
Y no es algo que se me acabe de ocurrir porque gracias a Literatura Española
I le esté cogiendo un asco impresionante, no. Esto tiene una raigambre (palabra
que he aprendido hoy) que se remonta siglos y siglos, así a ojo.
Está muy feo decirlo, pero me río de la poesía. Es algo que no me parece serio, lo siento.
Cuando leo un poema, lo miro con desprecio, me río, y si no fuera porque está
escrito y no tiene hombros… pues le miraría por encima del hombro.
El único tipo de poesía que respeto es la de Bob Dylan, Sabina y el rap (y alguno más que se me escapa). Porque ellos son poesía, realmente dicen cosas, transmiten algo. Y aunque en determinada canción no transmitan nada, al menos pueden excusarse diciendo que en una canción no puedes escribir en prosa, o al menos es mucho más difícil.
La poesía es una canción sin música. Que viene a ser como si coges el mando a distancia, le das al botón de “mute”, y dejas sólo imágenes en silencio.
“Mira mamá, imágenes sin sonido, ¡he creado Arte!”
Ya, tus ganas.
La poesía me parece una disciplina incompleta, al igual que una pérdida de tiempo (me parece una falta de respeto hacia la gente que Escribe).

Bueno. Esto lo escribí hace más o menos un año. Hay cosas con las que sigo estando de acuerdo, pero habría planteado o explicado de otra forma. Y con otras no estoy de acuerdo. Lo único que se es que la poesía me cabrea. Hoy, mi intención era hablar sobre lo mucho que odio el universo, y que quiero que la gente entienda que no es malo estar moral, política y religiosamente asqueado con todo. Me tocan las %$&#tas los documentales tipo "Zeitgeist". Me da igual tu ideología política. Yo no tengo, y no quiero hablar de ello. Me la suda todo, por la simple razón de que me gusta pensar que mi filosofía de vida consiste en intentar ser buena gente y hacer que la vida sea lo más facil posible para los demás. Lo cual no implica, por cierto, que me meta a misionero.

Simplemente me gustaría que la gente se diera cuenta de que no hay ningún partido político, documental, ideología, ni "grupo de cosas de cualquier tipo" que exprese la mezcla absurda de cosas que tengo en tu cabeza. No se, si tus ideas son casualmente las mismas que defienden el PP o el PSOE, pues chico, felicidades, estás en tu casa. ¿Que me cabrea la cantidad de estupidez humana repartida por el mundo? Si. Y lo dejo claro siempre que puedo. Pero es que la gente es más tonta que un tubo de escape.

El día que haya un partido político que defienda mi derecho a reventarle la cabeza con una sartén a cualquier cani sanvicenteño que se ponga a dar por saco con esa puta moto que será, probablemente, la causa de su muerte prematura, entonces habré encontrado mi razón de ser. Hasta entonces, me sigue dando asco la sociedad. Pero al contrario que que emos, anarkas o demás gente que merece la defenestración, yo me dedico a vivir felizmente una vida que me encanta. Y A NO MOLESTAR.

Pero a lo que iba. Mi intención era escribir sobre este tema, pero algo me lo ha impedido. Algo que me ha cabreado tanto esta mañana, de 11 a 13 de la mañana, que he estado a punto de salirme de clase de la mala leche que se me estaba poniendo. Y eso señores, no es sólo la poesía, como ya se habrán imaginado. Es la "poesía" de Emily Dickinson. Os explicaré quien era, queridos amigos ficticios (porque está claro que aquí no hay nadie) por si no lo sabéis.

Emily Dickinson fue lo que vendría a ser el equivalente de una EMO daltónica hace poco menos de 200 años. Es decir: hacía la pantomima de que se quería morir y vestía exclusivamente de blanco. Hasta aquí, todo bien. Quién sabe, en 1850 probablemente las únicas opciones para entretenerse fueran arar el campo, rezar, hacer punto de cruz, masacrar indios, y ser un puto pervertido sexual si vivías en el Londres victoriano.

Pero la Dickinson vivía en un pueblo perdido de la mano de Dios del estado de Massachusetts, (que ni a mi a vosotros nos importa donde está). En esa época, salvando al bueno de Poe (que bien podía ser un alcohólico, dorgadicto y pelín psicótico, que al menos se trabajaba sus obras y lo explicaba, y no se andaba con chorradas de musas e inspiración, joder) todos los autores-filósofos-trascendentalistas parecía que se acababan de caer de un guindo. Todos hablando de lo que era realmente la vida, de que la sociedad no andaba bien, y demás cosas que ahora nos parecen de cajón.

Pero antes, por lo visto, para llegar a esa conclusión, hacía falta un puñado de niños de papá, con buenas herencias o mucho enchufe y pocas ganas de trabajar. Así que a escribir. A escribir de cosas de las que no tenían ni zorra idea, por el simple hecho de que ninguno había salido de su pueblo. Y lo siento, unas vacaciones por Italia pagadas por papá notario no cuelan (y, si, yo soy burgués, pero no voy diciendo chorradas por ahí), no bastan para saber NADA de la vida. Todos pasaron toda su vida mirándose el ombligo y creyéndose mejores que los demás. Unos intelectualoides alejados de la mano de Dios, que no hicieron más que criticar a la sociedad Europea mientras se mordían las uñas hasta el metacarpo de las ganas que tenían de vivir en un sitio donde hubiera un mínimo de movimiento y los indios no intentaran descerrajarte diecisiete flechazos a la primera de cambio.

Pero, ¿sabéis que tenían a su favor todos estos cabestros?

Efectivamente. Que NO eran Emily Dickinson.

a) Porque yo no puedo tomar en serio a una mujer que, cuando una profesora cita ocho características de su poesía, tres de ellas son "Muerte" (verídico). Lo siento pequeña, ese tema está muy sobado, inténtalo de nuevo. Ha habido 5.000 poetas que han hablado de la muerte, y no a todos les han metido en el CANON (ahora iré a ese tema) de la literatura occidental.

b) Porque parece ser que tuvo 2 o 3 muertes tempranas en su entorno, y ha basado la gran y acojonante mayoría de sus poemas en torno a esa experiencia. En el siglo 19 la muerte estaba a la orden del día. Y además, nena, el monotema no vende, vale ya. Supéralo.

c) Porque, no contenta con ser emo y escribir (algo que ya era considerado "jugársela socialmente" en la época) tuvo la genial idea, de los 20 hasta su muerte a los 56 años, de vestirse exclusivamente de blanco y no salir de la casa de sus padres. OLE TUS COJONES. Esto ni lo voy a comentar. A esa su padre no le cascaba de pequeña.

d) Porque tus poemas son infumables gramatical, sintáctica y semánticamente. Y aburren.

e) Porque si no fuera por tí, estaríamos dando a Walt Whitman. Poeta, si, pero al menos con sangre en las venas, escribía cosas interpretables, y tenía una vida al margen de las musas de las narices, que ya es decir mucho de un poeta.

Pero de todo esto, amigos míos, no tiene culpa la buena (¡JA!) de Emily the Strange. No señor. Por la sencilla razón de que, pese a tener recopilados 800 poemas en su preciosa y probablemente brutalmente odorífera habitación, Emily no publicó nada. Lo guardó, y punto (bueno, publicó 4 poemas chorras que no nos interesan. "¿Y entonces?", os preguntaréis, "¿cómo ha llegado semejante majadera a convertirse en lo que es?"

La respuesta es Lavinia Dickinson. La imbécil de su hermana. La mujer florero decimonónica que encontró sus tomos de poesía, y dijo: "Ahivadiús, esto lo publico yo y me saco unos maravedises".

Pero aún podemos ir más allá, si cabe, en un ejercicio de encontrar la culpa de la culpa (¿metaculpabilidad?). Y es que, la culpa de que uno u otro autor, la tiene (como todos deberíais saber si tenéis un profesor molón de Comentario de Textos) siepre el Crítico Literario. Ellos incluyen genialidades en el llamado Cánon (el de Ramoncín no, el otro), así como también incluyen basura.

Y eso es lo que pasa, amigos. Que aquí, el que consigue parecer más erudito, más leido y más intelectual (i.e. el que menos folla) es el que establece lo que se lee, o mejor dicho, lo que se debe leer. Si se limitaran a señalar los 5 o 6 "mejores" obras literarias de cada país, lo hicieran por votación, y el resto de obras las eligiera cada uno con voluntad propia (que esa es otra, parecemos borregos), otro gallo cantaría.

¿Por que qué problema hay en leer el Ulises, Caballo de Troya, Spiderman y el libro de Urdaci?¿O escuchar los Beatles, Credence Clearwater Revival, Nena Daconte y Metállica? ¿O que te guste El Cuaderno de Noah, Mentiras Arriesgadas, Up y Holocausto Samurai?

Pues haced lo que os de la gana sin molestar, y punto. Pero no inculquéis. Basta con decir "no me gusta" en lugar de "es una mierda". Dad motivos. Y para no quedar mal: no es que Emily Dickinson sea mala. Es que me parece mala. Y al kinki de la moto, le reventaba la cabeza.

Para despedirme, os pongo uno de los motivos por los cuales FlashForward está ganando mi cariño. La serie sigue estando a siglos luz de Lost (¿y quién no lo está, hoy en día?), pero, entre las caras de Joseph Fiennes durante el capítulo del encuentro Libby-Mark-Lloyd; que se curraran un tiroteo a ritmo de "Like a rolling stone" (WTF?), que Jack Davenport sea el Comodoro Norrington de Piñatas del Calibre (I, II y III) y esto que os voy a poner a continuación, está subiendo puntos:

Entenderéis esta triple tollina cuando veáis el capítulo. Si despues de pasarla un par de veces más, no estáis por el suelo, rulandoos de risa, es que no tenéis corazón.

Saludos, y hasta el año que viene.

PD: Por si Mario lee esto: da igual lo transigente que seas, El Señor de los Anillos sigue siendo infumable.